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ISIDRO ITURAT, UN ALQUIMISTA DE LA POESÍA. POR FERNANDO FERNÁNDEZ-GIL. REVISTA LOS ARGONAUTAS.NET. ESPAÑA. MARZO DE 2009.
Isidro Iturat nació en Vilanova i la Geltrú, España, en 1973, y desde el año 2005 vive en São Paulo, Brasil. Este escritor y profesor de lengua y literatura españolas es conocido en los círculos literarios como el creador de la figura poética del indriso. El interés y la curiosidad nos ha llevado a entrevistarlo, buscando que nos cuente algunas cosas sobre el indriso, sobre su creación y evolución.
-Estimado Isidro, lo primero de todo: ¿Qué es el indriso? El indriso es una forma poética que ideé en el año 2001. Consta de dos tercetos y dos estrofas de verso único (3-3-1-1) y admite cualquier tipo de rima y medida en sus versos.
-¿Cómo surgió esta figura poética? ¿Qué le llevó a su creación? Básicamente, el poema es resultado de una reelaboración del soneto clásico: los cuartetos del soneto pasan a ser tercetos en el indriso y los dos tercetos del primero pasan a ser estrofas de verso único en el segundo. Pero su surgimiento no se basó en una operación de cálculo o raciocinio, tampoco hubo búsqueda consciente de lo nuevo, fue más bien un acto imaginativo. Cuando se dio, simplemente meditaba sobre la forma del soneto viéndola en la mente, hasta el instante en que apareció la imagen de los versos fundiéndose en grupos menores.
-¿Qué le llevó a denominar a esta nueva figura poética con tan sugerente nombre? Bueno, desde que escribí el primer poema hasta encontrar lo que sería su nombre pasaron más de dos años. Durante este tiempo intenté inspirarme buscando en diccionarios de lenguas, de terminología musical, literaria, filosófica, etc., llené varias páginas de borrones y fue todo inútil, la palabra adecuada no surgía. La solución final vino de la mano de una niña de tres años (cuya intimidad me permitirán que respete), que, en sus primeras probaturas con el lenguaje, al decir mi nombre de pila pronunciaba la palabra "indriso" en vez de "Isidro". Durante mucho tiempo ni siquiera contemplé la posibilidad de llamar así al poema, pero poco a poco me fui familiarizando con el término y cada vez me fue gustando más. También a partir de un determinado momento, para ver cómo lo recibirían otros oídos, comencé a mostrarlo por los círculos literarios que en aquella época frecuentaba en Madrid (tertulias de poetas, asociaciones de escritores, etc.), y lo cierto es que noté una excelente acogida. Así que, en último término, decidí consolidarlo como nombre para el poema. Durante este tiempo he ido sabiendo de formas como los esquemas 3-3-2, 3-3-3-1-1, 4-4-1-1, etc., provenientes de otros autores y que éstos han llamado indrisos. Hoy por hoy, no creo adecuado asumirlos como tales porque, aun habiendo surgido a partir del esquema 3-3-1-1, se alejan demasiado de éste, tanto en el nivel rítmico como en el visual y arquetípico. Si los considerásemos indrisos, ¿qué nos impediría asumir también estructuras como 5-5-1-1, 10-10-1-1, 3-3-2-2, etc.? Podríamos caer en una ilimitación de la definición sin sentido. Otra cosa pueden ser, por ejemplo, experimentos como el indriso con estrambote o el uso de versos partidos (interpretables como un solo verso), que yo mismo he probado. Sin embargo, en este último año me ha llegado una propuesta que, a mi juicio, debe verse de otro modo. La escritora uruguaya Teresa Marcialetti ha investigado todas las posibilidades de combinación del 3 y el 1 duplicados. Con su venia también he estudiado el asunto, para llegar a la idea de que, al contrario de los otros esquemas mencionados, sí se percibe una afinidad íntima entre el 3-3-1-1 y estas otras variantes, que mostraré ahora. Atendiendo a las formas en que pueden relacionarse los dos tercetos y las estrofas de verso único, me parece adecuado proponer una nueva terminología basada en los conceptos de sístole y diástole, entendiendo el paso de 3 hacia 1 como un movimiento de contracción del discurso y el paso de 1 hacia 3 como un movimiento de expansión: 3-3-1-1: Indriso o indriso en sístole. 3-1-3-1: Indriso de dos sístoles. 3-1-1-3: Indriso en sístole interna. Por último, quiero matizar que no considero carentes de valor las formas que he citado al principio (si se insistiera en su cultivo, creo muy probable la obtención de muchos y buenos frutos), pero sí encontraré necesario buscar otras denominaciones para referirse a ellas.
-En la página que dirige, www.indrisos.com, el lector puede disfrutar de parte de su obra, y ya ha visto la luz su primer poemario creado íntegramente por indrisos, El manantial y otros poemas (2005). Asimismo, un gran número de escritores ha decidido utilizar esta figura poética para sus creaciones, tal y como podemos ver también en su página web. ¿Qué acogida y qué repercusión ha tenido el indriso entre los lectores y los escritores? Puedo comenzar hablando, por ejemplo, de las personas que hasta la fecha me han dirigido comentarios. De ellas estoy recibiendo todas las reacciones que cabría esperar: críticas discretas, críticas groseras, elogios mesurados, elogios efusivos, comentarios en los que dudan y comentarios en los que enseñan. En mi opinión, esto es normal y lo más adecuado para cualquier cosa nueva que se ofrezca a una colectividad. Considero muy saludable que el indriso reciba tanto elogios como golpes, porque el elogio aporta ánimos para seguir trabajando y la crítica señala lo que hay que mejorar. Si al pasar por la fragua el indriso sucumbe, será así porque es lo debido, y lo mismo si sobrevive y crece. Fuera del ámbito de mi página hay una serie de autores que, efectivamente, lo están incentivando. Publican poemas, artículos, organizan comunidades, etc, incluso en varios idiomas. Todo esto lo recibo muy agradecido y contento.
Mire, podría decir que el cultivo de este objeto poético me ha ofrecido tales experiencias o conocimientos, más o menos ontológicos, más o menos trascendentes, y sería cierto, pero sobre todo, lo que me ha permitido y me permite es divertirme, mucho.
-¿Qué le hizo entrar en el mundo de la literatura, y cuándo se dio cuenta que le gustaba escribir? La primera vez que escribí algo con consciencia de querer hacer literatura fue a los 18 años, durante mi enseñanza media, pero se trató de un simple ejercicio de clase. En él me pedían dos descripciones de un olivo, una objetiva y una subjetiva. En la subjetiva, intuitivamente, empecé a incorporar imágenes poéticas y aquello me encantó. Me animé a seguir jugando con eso y escribí otros textos que también eran prosas poéticas; después, el primer poema; y después de una época de escribir versos y prosas, tomé la decisión de dedicar toda mi energía al verso, que era donde percibía que vibraba mejor. A partir de ahí, ya fui sintiendo que dedicarme a la escritura de aquellos renglones cortos se estaba revelando como un imperativo vital. Me alegraba enormemente hacer aquello, y hasta hoy. Aunque, si bien estos fueron los inicios de mi “amor manifestado” hacia la literatura, quisiera hablar también de una imagen que mantengo muy viva desde niño y que muy posiblemente sea su verdadero germen. Es el recuerdo de algunas noches en que mi madre leía en casa y en voz alta textos del Romancero gitano de Federico García Lorca.
-¿Qué cree que es más necesario para la creación literaria, la inspiración o la transpiración? Para estas dos amigas, prefiero el ménage à trois.
-Elija una obra, una sola de todas las que haya leído en su vida, y coméntenos el por qué de su elección. En el año 2005 me mudé de España para llegar a Brasil y puse una sola obra de literatura en mi maleta, una antología poética de don Luis de Góngora. No sabía qué posibilidades tendría allá de conseguir libros en español, así que la circunstancia me llevó al ejercicio de tener que escoger, de entre mis libros, el que considerase más esencial para salvaguardar el contacto con la poesía en mi lengua materna, el que diese más y mejor en menos. Siento la obra de Góngora como un suero, como el reservorio de poesía más valioso y concentrado. A conservar, por ejemplo, si viene uno de esos tiempos de soltar casi todo.
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