ENTREVISTA A ISIDRO ITURAT. SAMIZDAT. NÚMERO 19. BRASIL. JULIO DE 2009 (IDIOMA ORIGINAL: PORTUGUÉS)
¿El indriso puede presentar variantes como poemas dobles y triples? ¿Aceptas esta posibilidad de creación?
El único límite en el indriso está en la asociación de los dos tercetos y las dos estrofas de verso único duplicados, pues es esto lo que lo define. En relación a otras particularidades textuales (medida de los versos, rima, temática, estilo, asociaciones de varios indrisos, etc.) el autor tiene total libertad creativa.
Sobre las composiciones formadas con más de un indriso, puedo decir que yo mismo vengo ensayándolas desde que los comencé a escribir. Hasta ahora, he probado agrupaciones que van de los 2 a los 5 poemas, con diferentes grados de ligazón semántica y formal. Cito algunos ejemplos: I. [Cada vez de Eco menos queda.], II. [Narciso del lago se enamora:], Zwangsneurose (La obsesión), Algunos descendientes de Caín, Los sentidos corporales.
A pesar de la libertad, ¿estás de acuerdo en que resulta extremamente difícil componer un indriso con forma y contenido en perfecta harmonía?
Realmente, no es fácil componer cualquier poema con contenido y forma en perfecta harmonía, pero, ¿ese no es al menos uno de los papeles del poeta?...
Actualmente, ¿cómo ves el crecimiento del indriso entre los poetas jóvenes?
En principio, observo que entre ellos se está dando todo un juego de rechazos y atracciones, pero esto es muy necesario, porque si el indriso ha de representar algo de interés para la literatura, no puede ser simplemente aceptado con los brazos abiertos. Ha de ser criticado, tan probado como sea posible y, si después de eso resulta algo valioso para otros, ahí sí, realmente, será pertinente que se consolide. Sobre los poetas jóvenes pienso que están ayudando especialmente en este proceso de “templado en la fragua” porque naturalmente cuestionan más, pero tengo que decir que, por lo menos por ahora, este juego está resultando en el crecimiento del número de autores, cosa que, lógicamente, me gusta ver y agradezco.
¿De dónde surgió el deseo de crear esta forma poética?
En verdad, no hubo un deseo consciente. El indriso es una imagen que creó mi cabeza de forma espontánea. A veces, hago el ejercicio de visualizar la estructura de los poemas mentalmente. Nació en un momento en que meditaba sobre el soneto, y en un determinado instante, vi las estrofas de la figura clásica condensándose desde el patrón 4-4-3-3 para el 3-3-1-1.
Después de realizar algunas lecturas teóricas en relación a la poesía he observado que la mayor parte de ellas - por lo menos las contemporáneas - afirma que la poesía no está en la forma, y que tampoco hay "contenidos" más o menos poéticos, sino que se trata de una tenue y compleja relación entre ambas cosas.
Para ti, que la practicas tanto en la teoría como en la práctica, ¿es posible afirmar objetivamente sobre un texto: "aquí hay poesía"?
Los estudios que han querido definir la poeticidad de un texto desde un punto de vista objetivo y científico son incontables, pero ante cada tesis aparece siempre una antítesis que, si no muestra la inviabilidad de la primera, sí muestra un determinado grado de insuficiencia. Creo que esto es así, simplemente, porque un objeto como la poesía es una plasmación artística de todo aquello que el ser humano es y capta del mundo. Por ello, intentar percibirla sólo a través de la función intelectual es imposible, porque el ser humano no percibe las cosas apenas a través de ella. Hasta donde yo sé, algunos estudiosos de nuestra mente identifican, por lo menos, otras tres funciones que permiten obtener interpretaciones eficaces sobre nuestra realidad, que serían la intuición, la emoción y la sensorialidad.
Entonces, pienso, intuyo, siento y percibo que, cuando además del intelecto usamos las otras funciones, o incluso todas a la vez (la propia poesía incentiva fuertemente este proceso de integración), podemos, sí, llegar a tener aquella firme e inequívoca percepción de que en el texto que tenemos delante hay poesía.
A causa de la aparente facilidad - todo mundo se cree capaz de escribir poemas - hay un total descreimiento del mercado editorial y de los lectores respecto a la poesía y a los poetas. ¿Cómo percibes esta situación y qué se puede hacer para cambiarla?
No pienso que ese descreimiento sea porque un gran número de autores no consigue alcanzar altos patrones artísticos. El hecho de existir una mayoría así y un pequeño número de personas que realmente se destacan, se da en cualquier actividad. En mi opinión, los motivos del rechazo social a la poesía son mayores y más complejos. Voy a enumerar algunos que he venido percibiendo hasta hoy y que me parecen importantes: la poesía apela a hechos como la expresión del mundo interior de las personas, puede incentivar lo que se llama “proceso de individuación” (por el que la persona pasa de ser “masa” a ser “individuo diferenciado”) y es intrínsecamente subversiva por el simple hecho de decir las cosas de otro modo, además de funcionar al margen de la mentalidad mercantil. Esto ya da para explicar que no tenga gran aceptación en una sociedad cuya mayoría se educa según patrones opuestos.
Para mí, las figuras con mayor responsabilidad directa a la hora de cambiar el panorama serían los gobernantes que administran la educación y las artes, también las editoriales, los profesores y, lógicamente, los poetas. Hoy, el conocimiento necesario para hacer que cualquier grupo o sociedad prospere (o que se hunda) ya existe. Eso incluye una tradición literaria de miles de años que permitiría escribir las mejores obras de la historia.
Según siento, para mejorar las cosas sería necesario “apenas” que cada una de estas figuras quisiera hacer su parte.
Desde sus orígenes, la poesía posee un fuerte sentido pedagógico, basta recordar los poemas de Homero, Hesíodo, Dante, Shakespeare y Heine, por ejemplo. En tu opinión, ¿cuál sería la función de la poesía en el siglo XXI? ¿El propósito educativo está todavía presente? ¿Tiene aún razón de ser?
Como ya he mencionado anteriormente, para mí la función más importante de la poesía consiste en que ésta exprese, con su lenguaje particular, todo aquello que el ser humano es, lo que incluye, claro, la función de educar, que es una necesidad insustituible.
Y hablando concretamente del siglo XXI, pienso que puede influir mucho sobre las funciones de la poesía el hecho de que - esto es una opinión muy personal – probablemente en toda la historia de la humanidad el ser humano nunca ha estado tan perdido, herido y narcotizado en relación a su camino vital. La forma más fácil de comprobar esto es hojear una enciclopedia ilustrada de arte. Cualquiera (que quiera ver) percibirá inmediatamente que los artistas nunca expresaron un grado de desintegración mental y espiritual tan intenso, en época ni cultura alguna.
Hasta hoy, siento que una de las principales causas de ello podría encontrarse en el hecho de que nuestro miedo está tomando la forma de mentira de un modo especialmente intenso en relación a las cosas esenciales: el alimento se presenta como veneno, la narcosis como lucidez, la esclavitud como libertad, la ignorancia como conocimiento, las relaciones egoístas como modelos de amor, Dios se presenta como diablo, los diablos como Dioses... Y muchos de nosotros no queremos ni mirar cuando, al menos una vez en la vida, las cosas aparecen ante nuestros ojos como realmente son.
No sé si encarar esta situación ya es o será una función importante de la poesía, pero creo que no estaría nada mal que así fuera.
¿Qué representa Internet para tu oficio literario? ¿En qué aspectos beneficia a los nuevos escritores? ¿En qué aspectos los perjudica?
Bien, a través de Internet tengo acceso a lecturas a las que sería casi imposible acceder viviendo como vivo en un país de lengua diferente a la mía, lo que escribo actualmente depende por entero de la red para ser divulgado, y el ordenador es el único instrumento que me comunica con los otros autores y lectores. ¡Fíjate, cuánta libertad y cuánta dependencia al mismo tiempo!...
Para citar algunos “favores” más, recordaré que permite aquella independencia en relación a las editoriales tradicionales y a los jurados, que en muchos casos hasta ahora, publicaron y premiaron lo que ellos querían que el lector considerase literatura de prestigio. También permite una divulgación masiva e instantánea, además de la fácil actualización de las informaciones.
Sobre lo perjudicial, pienso en cosas como la volatilidad de los datos (son apenas pulsos eléctricos), en la prisa del lector, que delante de la enorme oferta accesible en segundos tiende a no quedarse mucho tiempo en un mismo sitio, o en lo que la gente puede hacer con las informaciones, porque lo que publicas en Internet resulta de fácil acceso a personas extrañas y cercanas, simpatizantes o no, autónomas o ligadas a órganos públicos y privados, y es extremamente manipulable.
Generalmente, los poetas presentan temas recurrentes que se observan a lo largo de toda su obra y por los cuales pueden ser reconocidos. Al analizar tu propia obra, ¿identificas cuáles son los tuyos?
No sé si mi obra podría ser reconocida sólo por eso, porque realmente los temas que uso son de los más comunes en la literatura, pero diré lo siguiente: en principio, me gusta ver el conjunto de mi obra como una rueda en movimiento: su eje sería la noción de Eros en el sentido integral de “instinto de vida”, y a partir de éste se proyectarían una serie de radios entre los cuales considero de mayor significación (y por ello más recurrentes) ideas como la exploración de los diferentes arquetipos del hombre y de la mujer, la relación entre ellos en los aspectos erótico, sentimental y espiritual, las reflexiones sobre el camino vital humano y, en fin, las relaciones de todo eso con la Divinidad.
¿Qué poetas consagrados lees? ¿Y los nuevos?
Los poetas consagrados que me han marcado más y que leo recurrentemente son dos: el nicaragüense Rubén Darío, del siglo XX, y el español del siglo XVII don Luis de Góngora.
En relación a los poetas nuevos, también procuro acompañar las últimas hornadas de autores con la esperanza de que alguno consiga atraer mi fidelidad como lector, pero hoy, desafortunadamente, no me pasa esto con nadie. Sé que el hecho se puede deber a un gusto personal demasiado restringido, o de una simple falta de búsqueda, no sé, pero actualmente me veo así.
Además del indriso, ¿a qué proyectos te has dedicado en el campo de la poesía?
Antes del indriso pasé por lo que podríamos definir como dos etapas. En la primera escribí una serie de poemas en verso libre de tono predominantemente nihilista; después vino la segunda, en la que ya empecé a experimentar con la métrica regular y con los poemas amorosos, pero descarté casi todo. La poesía que quiero mostrar empieza con el indriso y es el único proyecto con el que trabajo hoy, y no porque me sienta obligado o algo así, sino, simplemente, porque es lo que pide mi voz poética.
¿Cómo es la receptividad de la literatura brasileña en España?
En España la literatura brasileña es prácticamente desconocida, cosa que me parece triste, porque la percibo como una literatura de una riqueza y singularidad enormes. En Europa, la presencia de Brasil es mucho más fuerte en Francia, por ejemplo. Aunque vale la pena mencionar algunos nombres evidentes que sí pueden encontrarse en los estantes de las librerías españolas: Vinicius de Moraes, Jorge Amado, Machado de Assis...
¿Cuándo empezó tu contacto con nuestra literatura?
A partir del 2004, cuando ya estaba preparando mi viaje a Brasil, que se concretó en el 2005. Con el estudio del portugués, comencé a buscar nombres de autores brasileños consagrados y a intentar leer alguno. Las primeras obras brasileñas que leí fueron los cuentos de Machado de Assis y una pequeña antología de poetas que encontré en la biblioteca de la Casa de Brasil, en Madrid.
Entre los brasileños, ¿qué poetas aprecias?
Bueno, en relación a la poesía brasileña, estoy apenas empezando a leer. Hasta ahora han captado más mi atención algunos autores gratamente inevitables como Carlos Drummond de Andrade, Castro Alves o Vinicius de Moraes.
Con Vinicius tengo un vínculo afectivo más fuerte porque fue mi “maestro de portugués”. En España, para fijar la prosodia (y porque sentía un enorme placer con la vibración de aquellos versos en la boca y en el oído) recitaba incesantemente su Soneto de fidelidade.
Han ocurrido algunos episodios desagradables en los aeropuertos españoles relacionados con ciudadanos brasileños. ¿A qué atribuyes este mal estar?
Primero, quisiera remarcar que no tengo ningún conocimiento especializado sobre cuestiones políticas, de manera que mi opinión no habrá de tener más valor que la de cualquier otro ciudadano común. Partiendo de ahí, sí puedo decir que, por lo que he visto hasta ahora, dudo que la opinión pública (brasileña o española) llegue a conocer el verdadero motivo de estas acciones. Si los funcionarios envueltos, por ejemplo, no han sido claros y correctos al aplicar las normas, puede significar que existan otros motivos más allá de los que aparecen en los medios de comunicación, motivos que sólo conocerán las autoridades que dan las órdenes. De cualquier modo, sea como ciudadano español o como ciudadano brasileño, sólo puedo ver esta situación con mucho pesar.
Tu web muestra que, además de poemas, también has escrito algunos ensayos y artículos. Dentro de esas experiencias, ¿qué te recompensa más, la prosa o la poesía?
Básicamente, veo la relación entre mi poesía y mi ensayo como la que podría existir entre una hermana con su hermano menor. Cada uno tiene su propia medida (la poesía es bien mayor), pero se trata de una relación amorosa en la que existe un incentivo mutuo. Por ejemplo, mi poesía no presentaría la misma diversidad de matices si no fuera por el estudio, la meditación y el trabajo de ordenación mental que exige el ensayo; por otro lado, éste último me permite tratar asuntos literarios que me interesan más allá del verso. También sucede que la afectividad y los recursos que la poesía moviliza, permiten que el ensayo se vuelva más rico en detalles expresivos, ritmo y emocionalidad.