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AQUA SECUNDA

 

HISTORIA NATURAL

I

 

Iluminó los océanos la célula;
pisó la tierra una pata de anfibio;
comió el reptil reptil, y más reptil.

Mamó, después del hielo, el mamífero;
se enderezó la espina del primate;
vio que era bueno matar el homínido.

Se quemó un árbol, y pensó el hombre.

Gimió al pensar, pues añoró ser célula.

 

 

 

 

 

 

2

 

 

 

II



 

La aleta. El pez. Cardumen.
Cardumen. El pez. La aleta.
La pluma. El pájaro. Tropel.

Tropel. El pájaro. La pluma.
La garra. León. Manada.
Manada. León. La garra.

La mano. El hombre. El pueblo.

El pueblo. El hombre. La mano.

 

 

 

 

 

 

 

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CINCO PINTURAS

I
BOTTICELLI


 

Plácido duerme el maestro Botticelli,
y en el estudio, dioses y pinceles
duermen. Un aire, y un lienzo tremola:

Venus, que se desvela, ríe, y la sala
alumbra con su risa; y una flor,
que yacía en un rincón sin ningún hálito,

rebrota. El maestro, al día, la color

descubre: “¡Ah, pícara, otra noche en vela!...”.

 

 

 

 

 

 

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II
ACOPLAMIENTO PREHISTÓRICO
(un dibujo de Félicien Rops)



 

No le trujo una flor, no fue una cosa tierna
(entonces no había versos, no había amores corteses):
la aprisionó en el árbol, le mordió la entrepierna

y ella mordió los lomos crudos, en mil reveses,
de su varón membrudo nacido en la caverna.
Un can también gustaba, goloso, de esas mieses

(ella ni se enteraba, mas le comía la pierna)

y una sierpe, en el árbol, mira, silba, y hace eses...

 

 

 

 

 

 

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III
RETRATO DE INTERIOR EN VERSO:
MUJER DESNUDA APOYADA EN LA VENTANA



 

Puesto que no sabrían mis manos retratarte
con los pinceles húmedos y su policromía
habré de usar palabras para inmortalizarte:

el sol posee tus senos, tus nalgas la penumbra,
eres la media luna que en la mitad del día
de fuera a adentro tienta, de dentro a afuera alumbra.

Así de hermosa eres la invocación del arte:

cuerpo, amor, aire, ensueño... la obra se vislumbra.

 

 

 

 

 

 

 

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IV
AL ROSTRO DE UNA MUCHACHA
MIENTRAS CONTEMPLA UN DALÍ,
EL ENIGMA DE HITLER

 

En la cara vivióle un teléfono roto.
No suena... No... No suena...
En la niña derecha un paraguas inglés.

¡Hitler a la siniestra!(la muchacha está estrábica).
No suena... No... No suena...
De noche, le, un murciélago, tira del corazón...

Pescan un pez-cañón los pescadores
                                                          (¡ores!...).

¡No suena!... ¡No!... ¡¡Resuena!!... Y Europa es agua, tumba.

 

 

 

 

 

 

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V
SOBRE UNA PINTURA DE KUMON
EN VERDE MONOCROMO



 

Ley Heisenberg: “Principio de indeterminación”.
En el átomo está, en la hebrea cruz de Cristo,
en el supraconsciente de un cuadro de Kumón.

En la monocromía, la desintegración
del nombre, el éter verde, y el canon de Mephisto
que niega y el NO atrae la manifestación.

Haikú a pincel: un huevo, no creado, no visto,

contiene el universo antes de su eclosión.

 

 

 

 

 

 

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SOBRE EL APÓSTOL SAN ANDRÉS


I
EL NOMBRE

 

 

El apóstol Andrés, “andrós”, “el hombre” en griego,
pescador de la mar de tierra galilea,
conoció al Rabí y no fue más Andrés, el ciego.

Después vio mil prodigios: vio al falto que desea
el pan y el pez saciarse, resurrecciones luego,
tomó del agua viva y la única oblea.

Pescó almas, más que peces, con su gran red de fuego.

Fue el primero llamado para que el hombre sea.

 

 

 

 

 

 

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II
LA CRUZ EN X



 

¡Ah, esa cruz aspada!... Su centro es la matriz
de Eva y de María. Señor, tu cruz latina
para mi es demasiado. Clamo a tu emperatriz

celeste: ¡Es demasiado!... Si hay que tomar cruz,
ligera... a mi medida, la cruz que no usa el clavo,
en la que Andrés conoce oscuridad y luz.

El hombre es muy pequeño, mas a Dios adivina

e intuye un renacer como en el día octavo.

 

 


 

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EL HOMBRE SEGÚN LOS CINCO ELEMENTOS

(I) La Madera
BLANCHEFLEUR


 

Perceval busca una flor blanca
y un grial. Lleva un dolor blanco,
de puñal, bajo la coraza.

Perceval lleva su desierto
de cristal adonde cabalga,
y un lustral león brama en su pecho.

Perceval, obscuro y sonámbulo,

un grial busca y una flor blanca.

 

 

 

 

 

 

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(II) El Fuego
EL PRIMER POETA

 

Primero fue el sueño, luego la palabra,
luego la palabra se convirtió en sueño.
Un hombre oyó, vio; su nombre: Hechicero.

Este al oír, al ver, descubrió la sacra,
numinosa y mágica facultad del verbo,
y estudió las voces, y los elementos:

dominó las bestias y elevó las almas,

conoció a los dioses e instruyó a los pueblos.

 

 

 

 

 

 

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(III) La Tierra
MOMENTOS ANTES DE ENTRAR EN LA BATALLA
UN SOLDADO DEL CÉSAR MEDITA



 

Cayo Hipólito Lucino fue mi instructor de campo.
Con quince años me enseñó, como enseñaría un padre,
cómo se hace y se templa el buen soldado romano.

Aprendí a cerrar la abierta herida, con hilo y dardo,
y a distinguir las mil hierbas que dan sustento. Y de Marte
la ciencia: el cabalgar y la espada, el broquel y el arco.

El “¡fuerza y honor!”, y aquello que decía con voz grave:

“Es la certeza de muerte la razón de tu coraje”.

 

 

 

 

 

 

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(IV) El Metal
NUMEN

 

Despiertas las negruras y dormidos los dones
pedí al viejo ermitaño, que en la montaña mora,
alumbrasen sus luces a mis dubitaciones:

“Mi verso es blando y pobre, el alma ya no aflora...”.
Y contestó el que sabe de almas y corazones:
“De esos harapos, vístete; de esta raíz, come.

Y ahora, acoge el duro límite de la gruta insonora;

escucha, de tu centro, voz, nota, cantos, sones...”.

 

 

 

 

 

 

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(V) El Agua

 

Ulises ya sin nave, sin hombres y sin nada,
mecido por las ondas espera su final.
Mirando hacia el crepúsculo del cielo ya la gracia

implora. Saber quiere, antes de que la Parca
funesta corte el hilo: ¿Por qué? ¿Dónde fue el mal?
Valor, tesón, destreza, pasión, temple... ¿No basta?

Lo oye Poseidón, y las sirenas cantan:

“... El hombre sin los dioses nada es y puede nada...”.

 

 

 

 

 

 

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I

 

Cada vez de Eco menos queda.
Queda
carne... seda... aire... aura... voz...

Voz
que a Narciso llama y no es oída,
ida...

A Narciso espera ya la fragua:

agua...

 

 

 

 

 

 

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II

Narciso del lago se enamora:
ora
recela, se admira, ríe, se inflama...

ama.
Muere y de su muerte una flor brota,
rota...

Desde la espesura, Eco llora...

llora...

 

 

 

 

 

 

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LOS SENTIDOS CORPORALES


(I) El Tacto
MI BEBÉ
                                                              A la Madre de los Senos Hermosos


 

Mi bebé...
me lo como.
¡Yo no sé!...

La piel, de
miel, o como
de glasé.

Ya me achucha...

¡Ay!, que me...                                  

 

 

 

 

 

 

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(II) El Gusto
APOLÍNEA

 

A ti, Sophía, a ti, de la mesura
deidad corpórea, a ti, sol femenino,
a ti, vestal, la pulcra, la cordura...

un elemento te es negado: el vino.
Pruébalo y te he de ver cabalgadura
de cien ladrones juntos, roto el lino,

descuartizar la res con mordedura,

bailar con Baco, nuda, un son divino.

 

 

 

 

 

 

 

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                      (III) El Oído
                      LA SIERPE

Corre mil millas horrísono grito.
Se alza un gran arco de llama que el cielo
hiende y devora. Los montes, allá,

caen, y quedan los valles sepultos.
Pierden su calma los lagos durmientes.
Huyen el ciervo y el lobo y el águila...

¿Qué está pasando que el orbe se quiebra?

Nada, es San Jorge, que mata al dragón.



San Jorge
SAN JORGE, de Manuel Navarro

 

 

 

 

 

 

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(IV) El Olfato

 

Las manzanas, ciruelas,
uvas, los palosantos,
las mandarinas, peras...

claveles del poeta,
hortensias, oleandros,
tulipanes, anémonas...

tú, la florista, dámelos,

dámelos tú, frutera.

 

 

 

 

 

 

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(V) La Vista
NUNCA EL POETA PODRÁ SUSTRAERSE
A UN HECHIZO DE OJOS DE DAMA

 

Tienes ojos de gata de angora,
o de puma o pantera o leona,
o de Eva que ofrece su poma.

Sulamita que invita a la alcoba
sabe bien que su rey se desboca
por el iris que en él leve posa.

Sabes tú bien usar la vil pócima

y su dosis exacta: una gota.

 

 

 

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